¿Qué sigue, la renuncia de Lorenzo Córdoba?

AGUSTÍN GUERRERO CASTILLO

Por primera vez se realiza una renovación del órgano responsable de los procesos electorales en la era de la Cuarta Transformación, motivado por la conclusión de Marco Antonio Baños y Benito Nacif electos en 2008 al IFE propuestos por el PRI y el PAN respectivamente; y Pamela San Martín y Enrique Andrade electos en 2014 al INE a propuesta del PAN y del PRI en ese orden.

Los siete restantes tienen claras sus filias de origen, Lorenzo Córdova (PAN/PRD), Ciro Murayama (PAN/PRD), Dunia Paola Ravel (PRI), Adriana Favela (PAN), Jaime Rivera Velázquez (PRI), José Roberto Ruiz Saldaña (PAN) y Claudia Zavala Pérez (PRD). Habrá que ver cuántos y quiénes de ellos son parte de la BOA.

Surgido en 1994 como un órgano ciudadanizado y autónomo el IFE/INE ha transitado de ser una autoridad reconocida y respetada en su actuación, a ser considerada parte instrumental de los fraudes electorales.

El primer IFE presidido por José Woldenberg condujo acertadamente la primera transición en México en el año 2000, que llevó al PRI a dejar la presidencia de la república luego de más de siete décadas. El PRI ya había perdido antes, de hecho el fraude de 1988 significó la mayor presión para quitarle al gobierno la organización de las elecciones y dar paso a una autoridad distinta, independiente del gobierno.

Paralelo a este paso democratizador, también ocurrió la simbiosis de los partidos de la oligarquía, que empezaron a compartir agenda e intereses. El 88 también fue el momento del nacimiento del PRIAN.

Desde entonces todos los integrantes del INE/IFE han sido resultado del reparto de cuotas entre el PRI y sus aliados y el PAN y sus aliados. Su función sustancial fue procurar que los procesos electorales mantuvieran el statu quo, fundamentalmente que la presidencia de la república quedara en manos del PRI ó del PAN, incluso a costa del fraude si fuera necesario.

Agustín Guerrero Castillo. Político y Militante de Morena

El IFE del 2006 es prueba de ello. Presidido por Luis Carlos Ugalde legalizó el robó a la mayoría popular que le había dado la victoria al candidato de la izquierda Andrés Manuel López Obrador. El descrédito de la autoridad electoral fue mayúsculo. Nunca más recuperó el respeto de origen.

En 2012 nuevamente, con Leonardo Valdez al frente, el IFE fue un organismo que con sus omisiones convalido los actos ilegales que llevaron a Peña Nieto a la presidencia. La vergonzosa historia de la democracia mexicana de los primeros años del siglo XXI se resumía en el robo de una presidencia y en la compra de otra.

En 2014, como parte del Pacto por México, suscrito por el PRIANRD, se acordó la reforma político electoral que buscaba consolidar el régimen bipartidista a través de elevar a rango constitucional los gobiernos de coalición, que no eran otra cosa, que legalizar lo que en los hechos ya existía, el cogobierno del PRIAN.

Como parte de ese acuerdo, se reformó el IFE dando paso al INE y se sustituyeron a los magistrados del Tribunal Electoral. Como un reparto que hacen los hampones del botín, el PRIANRD se repartió los lugares de los dos organismos, teniendo mayoría el PRI y sus aliados en el Tribunal, y el PAN y sus aliados en el INE.

Todo era miel sobre hojuelas para la derecha hasta que llegó el tsunami del 1 de julio de 2018. Treinta millones de votos que significaron más del 53 por ciento de la votación, le dieron no solo la presidencia a Andrés Manuel López Obrador y la mayoría absoluta a la coalición Juntos Haremos Historia en el Congreso Nacional.

Ahora se han electo por unanimidad cuatro nuevos consejeros, que ya no responden a los intereses del PRIAN. La gente que votó por la Cuarta Transformación solo esperamos que Norma Irene Cruz Magaña, Carla Humphrey Jordan, José Martín Fernando Faz Mora y Uuc-Kib Espadas Ancona sean gente honrada, decente, justa. Que se comprometan a organizar elecciones legales y limpias y que hagan realidad el viejo anhelo de Sufragio Efectivo. Solo eso.

Lorenzo Córdova apostó y perdió. Representa los intereses del PRIANRD. Debe entender que la historia le dio la espalda. Actuando en consecuencia con la nueva realidad, debe presentar su renuncia a la presidencia del INE, en un acto que lo honraría en su sensibilidad e inteligencia.

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